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PARTICIPACIÓN CIUDADANA

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Por: Rafael Ayala Villalobos

Al gobierno municipal le está faltando promover la participación ciudadana, hacer liderazgo social, facilitar el dialogo, el encuentro y la colaboración, ser menos partidista y más societario, crear consejos ciudadanos, incluido el de participación social en la educación que se negó a crear, pero no para convalidar acciones o cumplir requisitos, sino para co-gobernar.

Dos razones lo imponen: acrecentar la democracia como forma de vida y de conducción de gobierno, y porque la situación local y nacional ha cambiado.

Muchos de los que votaron a favor de quienes ganaron, pensando en que habría una detonación de proyectos gestionados y logrados, están preocupados porque la mayoría en los Congresos Estatal y Federal, son de un partido distinto al que gobierna La Piedad.

Ante ésta realidad, ¿qué hacer?. Que el gobierno sea acompañante y facilitador de la acción privada y social, fomentar las asociaciones civiles capaces de expedir recibos con deducibilidad de impuestos a efecto de retener más dinero en La Piedad, para atender desde la

organización social, los problemas comunitarios e impulsar el crecimiento económico con desarrollo social, por dar un solo ejemplo.

Ya pasaron los tiempos de elegir oradores, personajes con amigos en los niveles estatal y federal, ilusionados con que lograran “bajar” recursos. También es obsoleto andar de pedigüeños tocando puertas. No digo que no se necesite, pero también hay que enfocarse en retener la riqueza que los piedadenses colectivamente producen. Es momento de construir, digamos, un motor de combustión interna que sume la formación gubernamental con la formación social. Para ello el gobierno debe impulsar la vertebración social y las organizaciones intermedias.

No es criticando al ayuntamiento y a sus integrantes como individuos como se resolverán los grandes problemas municipales que afectan a la ciudadanía. Achacar a los sueldos de los miembros del ayuntamiento el origen de todos los males, es no ver que el sistema político y de representación ha caducado. Cabe decir que es mentira que los del ayuntamiento se hayan dado un aumento. De esto hablaremos otro día.

El problema de la representación del gobierno municipal y su forma de presupuestar y ejercer el presupuesto, es un asunto de ética política y un problema estructural, asimismo es una deficiencia de nuestro sistema democrático y representativo, ya obsoleto, por cierto, que no abona ni a la gobernabilidad ni a la gobernanza.

Es allí donde hay que trabajar, en hacer propuestas al Congreso del Estado para modificar la forma de integrar los ayuntamientos, porque malo es, por ejemplo, que las planillas que pierden se vayan a sus casas con todo y sus propuestas. El que gana, gana todo, sin enriquecerse con la inclusión de quienes no alcanzaron la mayoría de votos. Y peor aún, los que pierden a veces se dedican a mentir y sembrar el odio, a generar animadversión social contra el gobierno, lo que no construye sino que divide a la comunidad.

El caso del presupuesto es botón de muestra. Se dejó pasar la oportunidad de consultar a las organizaciones, barrios, barras y colegios profesionales y asociaciones civiles, a las cámaras, sindicatos y empresarios, sindicatos, a las comunidades rurales, a los partidos.

Se perdió la oportunidad de realizar asambleas de barrios, parroquiales pues, para que las familias pudieran deliberar y decidir qué acciones u obras habría que etiquetarle recurso financiero para su ejecución. Ya se sabe que no hay reglamentación alguna para elaborar presupuesto base cero ni presupuesto participativo, pero algún paso se hubiera avanzado en ésa dirección.

Y surgen las preguntas: ¿qué se presupuestó y cómo se decidió? ¿cuáles fueron las prioridades? No sabemos. Puede ser que el presupuesto esté bien diseñado, pero si no se realizó un levantamiento de necesidades, ¿cómo se determinó qué si y qué no incluir?

Ya se sabe que la carga del gasto corriente de la administración pública es mayúscula y que deja escaso margen al presupuesto para invertir en una conducción de gobierno democrática, en servicios públicos eficientes, en obra pública y equipamiento urbano y rural que acreciente la infraestructura del municipio y por ello aumente su competitividad. Ya se sabe, pero por ello mismo, hubiera sido atinado hacer un diagnóstico situacional de la administración pública, un análisis de puestos, poner al día la organización y sus procedimientos, siempre de la mano de los ciudadanos.

¿Quién se siente representado por el ayuntamiento? Dos grupos de un partido, el PAN, que obtuvo mayoría, y un PRD cuya militancia se siente representada en la medida que sus propuestas y anhelos los vea reflejados en el gobierno en acción.

Reconocer ésta realidad ayudará a entender que el sistema de representación está en crisis y que necesitamos allegar propuestas al actual Ayuntamiento para que éste haga uso de su derecho de iniciativa legislativa y eleve al Congreso del Estado propuestas que ensanchen los canales, mecanismos y herramientas de participación ciudadana. Un fontanero tiene en su caja las herramientas para ejercer la fontanería, los ciudadanos no tenemos herramientas para ejercer la ciudadanía.

El tema del presupuesto para el ejercicio 2019 es uno, pero también está el del convenio por medio del cual se manejará el principal servicio público que ofrece un ayuntamiento: el de la seguridad

pública. ¿En qué consiste? ¿Por qué no haber hecho consultas con ciudadanos y conocedores del tema? La inseguridad está golpeando a las familias. La Piedad podrá tener el templo con la cúpula mayor de Latinoamérica, pero eso de nada sirve si se vive en la inseguridad, con niveles de violencia similares a Cuernavaca y Ciudad Juárez, en el miedo pues. Y así están otros temas.

El PRD y varias asociaciones civiles, entre ellas, ÁGAPE, postularon en su oferta electoral la participación ciudadana, el avanzar de la democracia representativa a la participativa y operativa. La población quiere ver pasos en ésa dirección.

Ningún municipio avanza sin participación ciudadana en la vida política y social. Es el municipio la institución formal de vecinos que se asocian y autogobiernan mediante fórmulas democráticas y respetuosas. Es el ámbito en donde se fortalecen y dinamizan las relaciones de convivencia social.

Es, como suele decirse, la célula política y democrática básica de la nación. Y la democracia, antes que una forma de gobierno es un estilo de vida, y antes que un estilo de vida, es la vocación republicana del hombre.

El municipio va paulatinamente escribiendo su historia sobre el diario acontecer y tiene su propio proyecto político más allá de los enfoques partidistas.

Los partidos políticos son entidades de participación ciudadana por excelencia, pero están limitados por su parcialidad. No obstante hay que defenderlos y exigir a sus dirigentes que les mejoren sus prácticas. Los partidos son entidades de interés público.

Es con un gobierno de amplia participación cuando el proyecto comunitario cobra sentido y viabilidad.

Los piedadenses se resisten a ser meros electores, ansían ser protagonistas de las resoluciones de sus problemas.

El Ayuntamiento debe tomar en consideración a todos los grupos y corrientes de pensamiento de buena fe, de otro modo no podrá gobernar en las circunstancias nuevas que hay y que son innegables.

Pretender cobrar revancha como lo hacen algunos candidatos que perdieron la contienda, sería suicida.

El propio peso de la existencia y los ideales de una vida más plena han obligado a los vecinos de La Piedad a enlazar sus vidas no sólo para afirmar la seguridad y la radical insuficiencia individual, sino además, para enarbolar y embellecer las vidas individuales y el histórico proyecto colectivo.

Toca a los hombres y mujeres del solar municipal, seguir exigiendo mayor participación en la resolución de problemas colectivos. Y no sólo exigir, sino también actuar.

Y corresponde al gobierno municipal actuar conforme a la responsabilidad histórica que los nuevos tiempos le ha impuesto.