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CONTRA LA MENTIRA, LA VERDAD

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Por: Rafael Ayala Villalobos

En el asunto del supuesto aumento de sueldo de los miembros del Ayuntamiento de La Piedad, Jonathan Bañales miente porque no ha habido tal incremento.

Algunos del gobierno municipal han caído en la trampa y en el juego que les ha tendido el excandidato del partido MC al difundir, igual que él lo hace, un video ofensivo y anónimo hacia una representante popular, la regidora Hildelisa Abarca.

La administración pública municipal debe abrir sus libros contables a Notarios, Colegio de Contadores y otras organizaciones sociales, para que los revisen y comprueben que no ha habido aumento a fin de que lo declaren a la sociedad, porque no es un asunto menor, la ciudadanía no quiere políticos abusivos.

No se entiende cómo si la verdad y la razón les asiste, optan por el sendero del golpeteo y la descalificación, supuestamente porque los del Ayuntamiento no se pueden meter a contestar a ningún dirigente partidista, cuando en realidad lo hacen de manera torpe.

El alcalde no debió tratar en la sesión de Cabildo del pasado martes 15 de enero el tema de que los criticaron por, supuestamente, haberse aumentado el sueldo ni referirse indirectamente al dirigente de MC, pero… mordió el anzuelo.

Los regidores del PRD, según los ha mandatado su militancia, se opondrían a cualquier aumento de sueldo para los del Ayuntamiento, y es seguro que sin los votos de los regidores del PRD, los del PAN no podrían incrementarlo, pero tampoco lo están proponiendo y lo más seguro es que nunca lo intentarán.

En general el gobierno municipal va bien, con detalles a mejorar, pero es cierto que va en la ruta de rendirle buenas cuentas al pueblo de La Piedad. No debe entretenerse en dimes y diretes mezquinos y mentirosos con nadie, pero no debe dejar pasar ni un ataque infundado

y perverso. Solo que no es contestando con la bajeza con que es atacado sino simple y llanamente con la verdad bien difundida, cosa en la que su área de comunicación social da muestras de no saber ni qué hacer.

Hace muchos años, cuando todo era dominado por la dictadura del antiguo PRI –no del actual- y ser de oposición era arriesgar la vida, el ayuntamiento tuvo por vez primera regidores no priistas y eran del PRD.

A finales de los años ochenta Hildelisa Abarca, Jacinto Rojas y Ernesto Arias, representaron la esperanza de pluralidad, democracia y cuentas claras en el gobierno de La Piedad, luego de una campaña en la que yo fui candidato a presidente municipal por el PRD y que ganamos, pero que el fraude de Estado que se orquestó nos impidió llegar al poder público municipal. Era 1989.

La maestra Hildelisa tiene su historia acreditada y pese a que pudiera estar equivocada en algunas opiniones que ha vertido en el Cabildo, merece respeto.

Hay que saber perder y saber ser oposición. Cuando el PRD no logró ser gobierno, conmigo a la cabeza, una vez que los hechos fueron consumados, entregamos al Ayuntamiento encabezado por don Eduardo Villaseñor Peña, nuestro Plan de Gobierno, elaborado con el auxilio de prestadores de servicio social de la carrera de administración pública de la UNAM y con la asesoría de don Gustavo Martínez Cabañas del Instituto Nacional de Administración Pública. De ése plan, el presidente municipal, tomó algunas ideas y acciones, entre otras, que La Piedad fue el primer municipio de Michoacán en recaudar el impuesto predial, dejándose una parte y entregando el resto al estado, o ciudadanizar el organismo operador del agua, entre otras novedades.

Don Eduardo supo ser gobierno incluyente y el PRD más que oposición, proposición, le huimos al debate y la confrontación y preferimos el diálogo y la colaboración, porque sencillamente, antes que panistas, priístas o perredistas, somos piedadenses y los colores de la cúpula del Santuario del Señor de La Piedad, son los colores que nos identifican a todos.

Lo que quiero destacar es que cuando no se llega al poder, no se debe estorbar, dividir a la sociedad o sembrar odio como lo está haciendo, no Movimiento Ciudadano, sino Jonathan Bañales, sino antes bien, practicar con bonhomía la concordia porque ello facilita el bien común.

Eso de mentir, manipular la opinión pública con publicaciones feisbuqueras pagadas, como quien contrata una escort, y asistir a las sesiones de Cabildo a provocar y hacerse la víctima, no es de un político de bien. Muy diferente sería si presentaran propuestas viables.

El maniqueísmo, el querer reducir los problemas comunitarios a solo dos opciones, está estorbando a la armonía nacional y local.

Es un error eso de que si alguien se queja de la estrategia para combatir el robo de gasolina, es que es corrupto y está a favor de la mafia.

Malo para la democracia es creer que quien opina diferente al presidente de la república es que es deshonesto.

Negativo es que quienes votaron por AMLO no alcancen a ver ineptitudes de su gobierno inicial, que seguramente superará.

Por ejemplo, todos están a favor de combatir el huachicoleo, pero hay divergencias en cuanto a los métodos, sin embargo, eso no quiere decir que unos sean buenos y otros malos mexicanos.

Del mismo modo en La Piedad, unos podrán ser afines a un partido o a otro, pero eso no los hace ni buenos ni malos.

No porque alguien pregona que los del Ayuntamiento se subieron el sueldo va a ser cierto.

No porque una mentira sea repetida adquiere veracidad.

Y finalmente: al presidente le toca presidir a todos, parcializarse puede ser su talón de Aquiles.

Frente al momento municipal, estatal y nacional en que todo se quiere ver en blanco o en negro, hay que reivindicar las leyes propias del conocimiento para oponerlas a actitudes sectarias, caprichosas, deterministas y dogmáticas.

Hay una enorme complejidad en los fenómenos políticos y éstos deben ser analizados sin caer en actitudes reduccionistas, de manera binaria o con falsos moralismos, mucho menos con mentiras.

En sociología, en moral y en política, las verdades siempre son parciales y reflejan sólo una parte de la complejidad social.

Nunca es bueno permitir en lo individual y en lo colectivo la confusión entre ambiciones personales y política, ni que las pasiones penetren en la reflexión y en la acción políticas, porque ello conduce a la intolerancia, principal enemigo de la democracia, así como a la intransigencia propia de los cruzados sin causa.

La Piedad somos todos.