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ACCIÓN NACIONAL: LA HERENCIA PERDIDA

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Por: Francisco Avilés

Este domingo los panistas eligieron su nueva dirigencia nacional en el momento de mayor desaliento y crisis de ese partido, que algún día fue ejemplo de democracia interna y principal fuerza política en el país.

Hoy sigue siendo, por lo menos, en números, la segunda fuerza política en el Congreso, pero su capacidad está, francamente, muy disminuida por falta de una línea clara, por el desdibujamiento de su doctrina al aliarse con partidos totalmente opuestos a su ideología y por sus divisiones internas.

Y es que la candidatura de Anaya nunca terminó de aterrizar entre el panismo (y mucho menos entre el perredismo, porque gran parte de ellos prefirieron votar por López Obrador antes que por un candidato proveniente del PAN), el resultado catastrófico ahí queda para la historia.

Ayer uno de los principales operadores, de los principales responsables directos de esa derrota histórica del PAN y de ese frente ideológicamente frustrado, Marko Cortés, ganó la presidencia del partido en una decisión difícil de explicar por quienes vemos por fuera a ese partido.

Los panistas llegaron a esta elección divididos, con muchos militantes desconcertados y decepcionados, con gobernadores que juegan sus propias cartas con el Presidente electo de la República, con bancadas en el Congreso débiles y sin más posibilidades que alguna respuesta puntual y con Felipe Calderón que renuncia pensando en crear un nuevo partido político porque “el consorcio que controla al PAN ha destruido la democracia interna imponiendo candidaturas controlando el padrón de militantes”.

Y en efecto, Cortés (ex coordinador de los Diputados Federal panistas y artífice del “Frente” con el perredismo y señalado por los “moches” y otros actos de corrupción), ganó los comicios de forma “contundente”, porque el control del padrón, reducido a poco más de 280 mil militantes (de los cuales solamente votó el 60%), está en manos de su grupo y porque lo apoya la mayoría de los personajes que se han quedado con algún espacio de poder en el partido, incluida la presidencia municipal en La Piedad, Michoacán.

Lejos de salir fortalecidos, creo que salieron más debilitados ¿por qué? porque la gran mayoría de los panistas prefirieron ser cortesanos de los gobernadores, alcaldes y legisladores que de su propia convicción y principios, en realidad no ganó el PAN, ganó el voto corporativo, el voto de la obediencia como en el PRI, el voto de los disciplinados, de los alineados, perdió el voto libre y el ejemplo de la democracia que tanto presumían los panistas, de la conciencia, de la convicción.

Hoy los panistas dejaron de ser los místicos doctrinarios, la mayoría de los que votaron eligieron el chambismo, la conveniencia y la obediencia a la congruencia y la libertad de conciencia, Sin duda las siglas del PAN seguirán existiendo, pero ya no será un partido como fue concebido por sus fundadores, será un partido con una herencia perdida, una especie de franquicia política de la cual se sirven muchos para vivir de ella.

La pregunta final: ¿qué pasará con la voces críticas que aún quedan en el PAN, con ese reducto número de militantes que no están de acuerdo con esas prácticas y que sienten vergüenza de ser presididos por el ganó y de la forma que ganó?, será una pregunta que posiblemente el tiempo nos responderá.