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¡YA LLEGARON LOS REYES MAGOS!

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La Piedad, Mich.- Ver que el reloj marca las 10:30 de la noche y estar acostado sin poder conciliar el sueño es muy difícil cuando se tienen 6 años y es 5 de enero. La emoción es abrumadora, las piernas tiemblan y los sueños florecen. También las preguntas: ¿Cómo serán los Reyes? ¿Qué comerán los camellos? ¿Cómo le van a hacer para entrar a la casa si mi papá cerró la puerta con llave?

“¿Y qué tal si se acuerdan de aquel día en que me enojé con mi mamá? ¿Se darían cuenta de que le pegué a mi hermano? ¡Ay, no por favor! Diosito ayúdame y perdóname porque yo no soy malo. Haz que sí me traigan lo que pedí, bueno lo que ellos quieran, pero que sí vengan a mi casa.

“¿Qué le irán a traer a mi hermana? Ella sí se portó bien, bueno poquito. Pero pobrecita, está pequeña y quiere muchas cosas”.

La imaginación vuela y llena la noche de fantasías, de nerviosismo, de alegría, de ilusiones.

“Ya sé, no me voy a dormir para ver cuando lleguen y me levanto temprano. Voy a poner mucha atención para escuchar los ruidos que hagan, pero ya me está dando sueño. ¿Qué hago?”

La noche avanza y morfeo hace su labor. El niño duerme plácidamente colmado de esperanza. Sí, eso es lo que se siente cuando se tiene esa edad. Esperanza de ser testigo del milagro de los Reyes Magos y la Navidad. Esperanza de ser por siempre niño, de tener siempre una familia que te cuide, de que las cosas no cambien nunca.

Bueno, un poco sí. Crecer, para ser como el hermano mayor. Tener 12 años para ir a la secundaria, pero que sigan llegando los Reyes Magos cada 6 de enero.

Llega la madrugada y los Magos de Oriente visitan en una jornada titánica cada vivienda, cumpliendo o tratando de cumplir cada deseo, aunque a veces no lo consiguen.

Van de casa en casa, de barrio en barrio, de ciudad en ciudad, de país en país recorriendo el mundo entero en una sola noche. Una verdadera proeza. Un gran milagro.

Al amanecer, a las seis de la mañana cuando los niños saltan de la cama sin zapatos, en pijama y llenos de algarabía corren hacia la sala de la casa a buscar el sitio donde dejaron su zapato, sucio tal vez, desgastado seguramente, viejo y roto probablemente.

¡Y ahí, están!. Cajas forradas con plástico reluciente, con letras grandes de colores brillantes y dentro de ellas: el juguete tan deseado. No importa si no es el que anunciaron en la tele. Es un regalo que llena de felicidad a los niños y que conmueve profundamente a los adultos.

¡Han llegado los Reyes Magos! ¡A jugar se ha dicho!