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VIVIR CON MIEDO

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Por: Rafael Ayala Villalobos

¿Estás de acuerdo en que la inseguridad derivada de la convivencia va en aumento en La Piedad desde hace varios años y que las extorsiones también? ¿Coincides en que los delitos relacionados a la delincuencia organizada abundan, como el cobro de plaza y el narcomenudeo descarado? ¿Notas que los robos a casas habitación y de automóviles están de moda, junto con la trata de personas? ¿Te gusta que la industria del miedo siga tan campante? ¿Estás intranquilo cuando tus hijos andan fuera de casa? Por eso hay que hablar de seguridad, de la seguridad de tu familia.

Los números oficiales no sirven para el análisis porque existe un sub-registro abultado: la gente no denuncia por miedo, pero la percepción de inseguridad es alta. Sólo hay que ver dos cosas: cómo va en aumento el gasto en seguridad por parte de empresas y familias y cómo han vuelto los homicidios callejeros a la vista de la gente.

En cuanto a inseguridad La Piedad está en el rango de Ciudad Juárez o Cuernavaca, por ejemplo, lo que no aporta al emprendimiento, al empleo ni a la competitividad para atraer inversiones. Se vive con miedo, pues.

Esto ocurre cuando el contexto nacional parece incierto.

En lugar de que el próximo gobierno federal fortalezca la capacidad resolutiva de los municipios en materia de seguridad y protección, ha anunciado que perpetuará su debilidad en ésta materia, ya que no sólo apuesta por el centralismo, sino que radicalizará el militarismo.

Poner lo militar por encima de lo civil en cuestión de seguridad interna, es un error que cuando se vean sus fallas, será muy difícil revertir.

La unificación y centralización de mandos y fuerzas policiacas no es cosa buena, tendrá malas consecuencias en el manejo de la seguridad en los municipios del país.

Por eso es importante que en La Piedad y en los municipios de Michoacán, los ayuntamientos se apliquen en construir policías confiables y eficientes.

No es susurrando el tema como se resolverá el problema de la inseguridad. La opacidad institucional no abona a la eficiencia policial para que la policía pueda contener el aumento de la criminalidad. No es cuchicheando como los gobiernos locales lograrán alentar la participación ciudadana en éste tema, a fin de que se frene la fuerte infiltración del crimen, al grado que lo consiente y que acaso participa y da apoyo logístico y protección a las actividades antisociales. No es negando el problema como se bajará el alto nivel de corrupción horizontal y transversal que hay, desde el tránsito hasta la administración y regulación directa de actividades no gratas.

Por eso es necesario diseñar comunitariamente la seguridad pública desde la autonomía municipal.

Desde la vida cotidiana, ¿cuáles son las principales fallas que vemos?

Falta de participación ciudadana, carencia de un marco jurídico y de políticas para enfrentar el narcomenudeo, origen de muchos males. Asimismo, violaciones de derechos humanos, detenciones arbitrarias, irregularidades como maltrato, tortura y corrupción. También insuficiencia de generación, transmisión y sistematización de información, falta de un registro administrativo de detenciones uniforme policial homologado; carencia de políticas de prevención del delito que abarque lo social, lo familiar y lo situacional, entre otras como bajos salarios y escasas prestaciones para los policías, sin crédito para vivienda, seguro de vida, becas escolares para sus hijos…, a veces da la impresión de que estuvieran abandonados a su suerte.

Aparte de que la seguridad es el principal servicio público que presta un gobierno municipal, es cierto que el primer contacto de la autoridad con la ciudadanía lo hace la policía. Mejorar la imagen y la eficacia de ésta ante las familias es uno de los principales retos que tiene el actual ayuntamiento. Y no es sólo con uniformes.

La gente ya no tolera el viejo modelo del policía impreparado y transa, del policía al que se le tiene miedo, que desconoce sus funciones, que es abusivo, prepotente, que no respeta los derechos humanos, que llega tarde a los llamados de auxilio. La gente quiere policías

comprometidos, cercanos y con identidad local. Seguramente que el gobierno lo logrará porque La Piedad exige ya una buena policía.

Por ejemplo, es necesario contar con vehículos policiales apropiados y suficientes, dotar a los policías de uniformes dignos y adecuados, así como de equipo de comunicación y armamento tomando en consideración el número de habitantes, su distribución territorial, la superficie a cubrir, la alta densidad de población que tenemos y el tiempo que se considere idóneo para la capacidad de respuesta a los llamados de la ciudadanía, entre otros factores.

El que la corporación policiaca municipal pueda cumplir con buen tino sus funciones y tareas en cuanto a la prevención del delito, en lo tocante a la implantación policial, la contención delictiva y el acompañamiento a las actividades cotidianas de la población, depende en gran medida de que los policías tengan un alto sentido del honor, estén comprometidos y hagan de la carrera policial un motivo aspiracional de vida. Y esto con Mando Único o no. Lo ideal es coordinarse con el gobierno estatal, pero paulatinamente ir siendo autosuficientes, por lo menos en las tareas propias y naturales de lo que es una policía municipal, de acuerdo a su vocación constitucional.

Esto requiere elevar la autoestima del policía, mejorar su sentido de pertenencia, tener mayor espíritu de cuerpo, tener presencia digna ante la sociedad, infundir el respeto de las familias a la corporación policiaca, recibir un pago justo y digno, recuperar la confianza de la ciudadanía en el policía cercano.

Asimismo es menester la capacitación continua para los policías, actualizando sus conocimientos, lo que les permitirá ser el policía que la ciudadanía requiere; saber y respetar los derechos humanos, conocer el manejo del armamento, sistemas de cómputo y demás equipos; cómo intervenir en casos de crisis, tener capacidad de disuasión y negociación; conocer tácticas policiales, acrecentar su sentido de pertenencia a la comunidad, acerar su lealtad, disciplina y responsabilidad en el cumplimiento de su encomienda, mejorar su condición y el aspecto físico y atlético, entre otras metas.

Lo anterior facilitaría hacer cumplir el Bando de Policía y Buen Gobierno y los diferentes reglamentos municipales, tener capacidad de respuesta a los llamados de la población y habilidades para la conciliación y la disuasión de infracciones administrativas o delitos menores, tener presencia en todos las actividades cotidianas de la comunidad, realizar detenciones en flagrante delito, vincularse con la problemática de sectores específicos, tales como el escolar, los centros laborales, el turismo, el transporte y el comercio, los centros recreativos, los eventos masivos, los barrios, la juventud y algo muy importante: la protección civil, aspecto que los gobiernos municipales sólo ven de reojo, como si no fuera parte sustancial de la seguridad pública.

Aquí el espacio es limitado; lejos de mí está la pretensión de esbozar un programa de seguridad pública, tan sólo comparto una humilde y limitada reflexión, pero no puedo dejar de mencionar que para mejorar la coordinación entre la policía municipal y otras corporaciones y la propia sociedad, el gobierno municipal necesita unificar criterios y

estandarizar la prestación del servicio público de seguridad y adoptar normas mínimas operativas, porque hoy lo que se ve es dispersión y contradicción hasta de un turno a otro.

Tener y conocer mapas delincuenciales, utilizar tecnología avanzada, contar con una cartografía oficial para la seguridad pública, realizar cruces de información de bancos de datos de órdenes de aprehensión, libertades bajo fianza y libertades anticipadas, cotejo de huellas y el manejo de estadísticas de incidencia y génesis delictiva, ayudaría a tener una mejor policía, conjuntamente con la participación de trabajadoras sociales, psicólogos y maestros pensionados, en la promoción de valores, cultura de la denuncia, prevención de la seguridad, intervención familiar…, en fin.

Pero hay que decirlo: lo más importante es tener un gobierno de cuentas claras, un gobierno honesto, que ponga el buen ejemplo a las y a los policías, un gobierno que lidere la participación ciudadana en materia de seguridad pública y de educación, sin ser rehén de inercias delictivas o intereses gremiales, sino leal con la población. ¿Cómo está eso de que los vecinos identifican “tienditas” y los policías no, aun cuando la gente los ve que pasan a saludar? ¿Hasta qué eslabón de la cadena de mando llega el consentimiento?

Hoy la corrupción es la causa mayor de que no tengamos una buena seguridad pública, y junto a ella, la discreción, casi secrecía con que se maneja el tema de la seguridad pública.

Este tema hay que airearlo. ¿Se renovó el Mando Único? ¿En qué consiste el convenio de coordinación recientemente establecido entre el municipio de la Piedad y el gobierno del estado? A fin de no perpetuar la dependencia del municipio respecto del gobierno estatal y del federal en materia de seguridad, ¿cuál es el plan para contar con una policía propia a mediano plazo? ¿Cuánto cuesta la seguridad pública? ¿Cuál es la estrategia para que juntos, gobierno y gobernados, acabemos con la impunidad y logremos un solar municipal en el que podamos vivir en paz?

¿O tú qué opinas? ¿Vamos bien o nos regresamos?