Inicio El Terruño TOMA DE LA PLAZA DE LA PIEDAD POR LOS REVOLUCIONARIOS MADERISTAS

TOMA DE LA PLAZA DE LA PIEDAD POR LOS REVOLUCIONARIOS MADERISTAS

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Los primeros síntomas de la revolución de 1910, se sintieron en esta ciudad el día 2 de mayo de 1911, cuando se esparcía por toda la ciudad alarmantemente que grandes contingentes de revolucionarios maderistas se acercaban a la población para tomarla, cuya fuerza revolucionaria encabezaba Pedro Aceves y Enrique Ramírez, que traían como secundario y secretario a la vez, al poeta Vicente de P. Cano.

En aquel entonces, tiempo de los prefectos, teníamos como jefe político al militar jefe de rurales, Juvenal Mercado, que en realidad era hombre de fuerte personalidad moral y de gran valor nunca desmentido, ya que a pesar de todas las versiones que exageradamente andaban de boca en boca de los miles de revolucionarios que amagaban a la ciudad, Juvenal Mercado no se amilanaba, sino que estaba dispuesto a hacerles frente con un pequeño grupo de soldados y la poca policía mal armada con que contaba.

Pero principalmente los hombres de dinero, lo señores Velasco, don Hermenegildo Heredia, etc., trataron de convencer al prefecto de que para evitar derramamiento de sangre y otros muchos males haciéndoles resistencia, saliera de la población, logrando que se decidiera a salir rumbo a Yurécuaro  con los pocos soldados que tenía a sus órdenes.

Cerca de la media noche del citado dos de mayo, entró la columna revolucionaria compuesta de unos cuantos hombres mal armados; Vicente de P. Cano arengó a los vecinos que todavía a esa hora esperaban con curiosidad a los insurrectos, los invitó a que tomaran las armas para derrocar al dictador Porfirio Díaz y nadie respondió, saliendo de su escondite únicamente Rafael Amezcua que ya tenía pláticas con algunos políticos dirigentes maderistas y se unió a los alzados.

El primer paso que dieron los que tomaron la plaza sin disparar un sólo tiro, fue abrir la cárcel y echar fuera la prisión de la que algunos se les unieron y otros se fueron a sus casas. Después forzaron las puertas del Monte de Piedad y se apoderaron de algunas armas y algunos otros objetos de poco valor, y desaparecieron, dejando a la ciudad sin gobierno y expuesta a los desmanes de la gente desordenada.

Así amaneció el día tres de mayo de 1911, sin garantías a la sociedad y los maleantes empezaban a querer alterar el orden, por lo que hubo una junta en la que se nombró un Presidente Municipal Provisional, con facultades absolutas para dar garantías, cayendo dicho nombramiento en la persona de don Jesús Navarro Rodríguez, quien asumió el mando desde luego.

Poco antes de medio día los hermanos Arias de Río Grande, en estado de ebriedad, andaban a caballo escandalizando y disparando sus pistolas; entonces el Presidente Municipal recién nombrado, salió a la calle con su hijo Francisco, armados de rifles dispuestos a reducir al orden a los escandalosos, los que a caballo balaceaban a diestra y siniestra, saliéndoles al frente Francisco Navarro y logrando acabar con la zozobra a que tenían sujeto al público los citados hermanos Arias que uno de ellos fue alcanzado por las balas del rifle de Francisco Navarro, matándolo en la segunda cuadra de la calle Hidalgo, juntamente con el caballo que montaba.

Al día siguiente regresó el Prefecto Juvenal Mercado con sus soldados y algunas mulas cargadas con cajas de parque bajo la expectación del público que creía que la revolución cambiaría a los Prefectos para darles su autonomía política. El Prefecto empezó nuevamente a despachar sin tomar represalias con varias personas que no dejaron de hacer crítica mordaz en contra del mandatario; sin embargo, alguien le dijo a Juvenal Mercado que el periodista Rosendo Rizo había hecho propaganda en contra de él, por lo que lo mandó detener; detención que duró solamente un día, dándole en libertad con la advertencia de que si quería revolucionar se fuera con los alzados tomando un rifle y no haciendo campaña de palabrería.

El Prefecto Juvenal Mercado duró ya poco al frente de esta Prefectura, y su comportamiento con los habitantes de la ciudad fue caballeroso, por lo que no se atrajo malas voluntades.

(ARGOS, Revista Gráfica. 15 de septiembre de 1959. Director José Ortiz Servín).