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“COMO LOS PERROS DE RANCHO”

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Por: Rafael Ayala Villalobos

Ya parece ring de box.

¡ Eeeen una esquina…! los líderes de partidos y sus candidatos, los periodistas y opinantes, los líderes de organizaciones empresariales y sindicales, los gobernantes y otros más, de los que salen informaciones políticas y opiniones publicadas, sin dejar de incluir aquí a los políticos cibernéticos que usan las redes sociales como altoparlantes para hacer publicidad, atacar y defenderse -bueno, más atacar cobardemente- la mayoría de las veces en forma irresponsable.

¡ Eeeen la otra esquina…! los paga-impuestos que devoran noticias y opiniones difundidas por los medios de comunicación, la mayoría de las veces sin discernir lo cierto de lo falso antes de formar su propia opinión con independencia mental y honestidad intelectual.

Los de una esquina boxística comunican y el que grita más influye en el otro, hasta lograr crear una multitud-chusma que más o menos tiene las mismas ocurrencias y prejuicios, humores y preferencias, casi siempre en forma malagradecida hacia la política y los políticos. Alguien publica, paga por difundir su publicación y ahí están algunos, duro y dale, consecuentando la maldedicencia.

Mucho se parece éste fenómeno a los perros de rancho que cuando uno ladra y corre, los demás lo siguen a toda prisa también ladrando; no saben a dónde corren ni a qué ladran, pero ahí van, a lo tarugo.

Si, en efecto, dije política, no politiquería. Dije políticos, no politiquetes. Me refiero a la política de la buena y a los políticos de verdad.

Está de moda promover la desconfianza y el repudio hacia las instituciones jurídico-políticas. Políticamente eso resulta rentable. Mentir contra ellas y difamar a sus protagonistas, atrae likes simplones y acarrea votos facilones. A falta de propuesta, injurio y miento. Critico al sistema partidista pero soy de un partido, en el que me porto como cacique. Critico al sistema político mexicano pero de él vivo, Me las doy de muy decente, muy honesto, pero

tergiverso y exacerbo las más bajas pasiones humanas en detrimento de la concordia comunitaria.

Principalmente en los aparatos electrónicos móviles se difunden descalificaciones al por mayor hacia los políticos, a quienes se quiere ver humillados, rechazados socialmente, y contra quienes se difunden mentiras y verdades, revolviéndolas, aprovechando que los ejecutivos y legislativos son reprobados por una ciudadanía que por muchos años se alejó de la política y dejó todo en manos de quienes conducían el sistema priísta.

No obstante, la mayoría de la ciudadanía demostró en la última elección que confía en las instituciones partidistas y electorales para renovar el poder por la vía pacífica y eso ya es ganancia: el 63 por ciento votó. Casi 3 millones participaron como funcionarios de casillas, quienes se capacitaron, estuvieron en la jornada electoral atendiendo ciudadanos electores, contaron los votos, levantaron actas, empaquetaron votos y entregaron a las Juntas Electorales, con lealtad y entrega.

Hace 20 años se tenía que hacer la política de oposición o de proposición de manera diferente, con las armas en la mano. El surgimiento del PAN, al final de los años treintas del siglo pasado, costó represión a quienes encararon al Estado para decirle: también cuento yo como persona humana.

En los noventas el PRD sufrió represión laboral y sangrienta por defender la soberanía nacional, querer ampliar la democracia y hacer realidad los derechos humanos. Así que hoy ser candidato es como irse a un día de campo. Las cosas han cambiado para bien. Hay más tolerancia, los votos cuentan y se cuentan. Hay organismos ciudadanos como el INE, el IFAI, CNDH, entre otros, que dan otro rostro a la política mexicana. Y no por nada, pero el PRD fue el mayor contribuyente de ésos logros. Si alguien lo duda, después platicamos.

Y sin embargo el cambio paulatino de una dictadura con disfraz democrático –el régimen priísta- hacia la democracia, ha provocado desánimo en la ciudanía, por la corrupción, porque los nuevos actores prometieron más de lo que podían cumplir o no supieron hacerlo, o sus intereses creados los anclaron al pasado.

La economía no está bien, el gobierno es ineficiente para resolver los grandes problemas nacionales, la desigualdad se acrecentó, la violencia campea por doquier, así que la democracia no le ha puesto más alimentos en la mesa a la gente y eso ha desencantado. Éste es uno de los factores por los que la mayoría votante ha dado vuelta a entronizar la dictadura cuasi-perfecta. Si la democracia y la alternancia, si el viejo PRI, no me han resuelto mis problemas, ¡al diablo con la democracia¡, ¡renuevo al PRI!,

¡entrego todo el poder a un hombre! ¡qué digo hombre, a un mesías, a nuestra nueva alteza serenísima, al dueño de la infalibilidad absoluta, al portador del nihil obstat!

¿Que hay pluralidad política, elecciones libres y pluralidad de partidos en los diferentes poderes? ¡Al diablo con eso y con la democracia y con la legalidad, que no me ha servido para un cuerno porque no me han resuelto mis problemas! ¡Viva la demagogia! ¡Viva el populismo! ¡Viva el mero cambio de hombres en el poder aunque el sistema siga siendo el mismo!

Y ahí estamos, votando anti-sistémicamente para que todo siga igual, pero contradictoriamente defendiendo la democracia burguesa, capitalista y depredadora.

Históricamente los populismos sirven al gran capital y son eslabones que atan a la nación periférica, en éste caso mexicana, con la cabeza de la serpiente imperial, para perpetuar el modo de producción y de consumo que enriquece a los ricos y empobrece a los pobres, aplicando en favor de éstos diversos programas asistencialistas para que salga un poco de presión de la olla exprés y para que no le exijan tanto a los dueños de los bienes de producción.

Me explico: subsidiar por parte del gobierno la tortilla, por ejemplo, aminora el hambre del trabajador, éste entonces se ve menos urgido de pedirle aumento de salario a su patrón. El salario representa, en general, la quinta parte de los costos de producción…

El fenómeno antidemocrático y los intentos dictatoriales no son exclusivos de México: ahí están Turquía, Brasil, Hungría, Polonia, Austria, Francia, entre otros, victoriosos o derrotados, pero ahí están.

Hoy por hoy los Estados democráticos están amenazados por mayorías que no quieren saber nada de política ni de participación ciudadana, así como por minorías escandalosas y a veces perversas que hacen política mala o de la peor, ésa que simplemente se ausenta de la política.

¿Qué hacer? Volver al origen, al cantón parroquial, a la comunidad básica y a la familia.

¿Cómo? De esto platicaremos otro día.